Salgo andar, es gratis y hace buen día, chándal negro de los chinos, aunque ya le he echado el ojo a uno con colores fosforitos en la cadera. Está bien, el mercado siempre está dispuesto a darte un poco más de lo que necesitas, para que te olvides de lo quieres en realidad. Pues ando, no al trote, simplemente me muevo, las hojas de los plátanos son grandes y los troncos hermosos, y me agarro a ellos en los semáforos, tengo uno favorito, le rodeo el tronco con mi brazo y espero, como si fuera una pareja sólida que puede dar sombra en verano. Sonrío por dentro, me gusta ver las caras de los que compartimos esta ciudad delirante; mi árbol y yo, no es una pose, es una necesidad, ahora se llama a esto síndrome de déficit de naturaleza, y mira, ya tiene nombre el deseo ancestral de sentirte bien con todos los seres vivos, la íntima satisfacción de formar parte, y no perder el hilo conductor planetario. Yo no sabía que estaba enferma de verde, o tal vez sí, y me receté árboles.

Invito a probar.

 

Leave a comment